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Campeonato

Les juro, les juro que lo intento…pero me siento frente a la tele y a los 10 segundos me olvido que hay que seguir la pelota con la mirada, así que ahí va mi comentario del partido

– muy lindo el estadio

– mira vos juegan de noche.

– Marido dice muchas cosas, me tengo que acordar de decir que bárbaro cada tanto

– que lindos cortes de pelo tienen los jugadores

– muchas camisetas verdes, se ve q viajaron muchos mexicanos

– ojalá ganemos xq sino los comerciantes del barrio se van a tener q meter las mil camisetas en el c..

– GANAMOS!!! Vamos al Obelisco!!!!

Norma

Norma camina hacia la parada del colectivo apretando los brazos al cuerpo para protegerse del frío, quiere llegar a tiempo porque la semana pasada llego 15 minutos tarde y la patrona se los descontó. Desde que empezó a cursar el CBC duerme poco, come poco y gasta mucha plata en apuntes, pero aún así cree que vale la pena. Se acuerda de esa tarde cuando su papá la echó de su casa, el miedo, el hambre, los que se quisieron aprovechar de su indefensión, cree que nadie debe estar tan desprotegida, tan sola.

Mientras pasa la aspiradora a la alfombra le entra una llamada, la atiende porque es raro que su hija la llame a esa hora y escucha:

– mamá estoy embarazada.

 Norma le da una respuesta rápida que ella cree tranquilizadora tratando que Cinthia no se dé cuenta que tiene un nudo en la garganta, y se le llenan los ojos de lágrimas.

La abruman montones de imágenes está enojada, decepcionada, quiere gritar y se le llena la cabeza con mil preguntas y mil respuestas. Lo que le acaba de contar Cinthia voló en un soplido todos sus planes, esa mocosa a la que le dedicó su vida no piensa más que en ella, es una caprichosa, una malcriada, pero claro cómo no va a ser una malcriada si era una nena de 16 años cuando la tuvo, pero bueno, ella tuvo que hacerse cargo de sus responsabilidades, Cinthia va a tener que hacerse cargo de las suyas.

Todo eso piensa mientras enrolla el cable de la aspiradora y empieza a lavar los vidrios, hay tanta bronca en sus movimientos que vuelca el balde, quiere secar rápido el piso porque el agua con vinagre lo va a manchar y con el apuro patina y se cae. La patrona que llegó corriendo cuando escuchó el ruido la ve sentada en el piso chillando como un bebe y por primera vez desde que se conocen se le ablanda la mirada:

– contame, no vas a llorar por esto ¿no?.

Y le cuenta, el embarazo de su hija, su propio embarazo, la casa chiquita y húmeda, las horas de viaje, lo que disfruta el CBC, las ganas de cambiar, lo que caprichosa que puede ser Cinthia, lo linda que es y lo rápido que creció, que ya tiene 15 y todavía no tiene su propia cama, las ganas de vivir un poquito mejor y la bronca que le da que por ser mujer un hijo (o un nieto) le derrumben todos tus planes, lo lindo que es ser una estudiante, lo asustada que está, cómo puede ser que esta chica no piense en nada.

Marcela la escucha mientras le ofrece una tasa de té, la mira, su cabeza también se lleno de imágenes, pero claro, su embarazo juvenil fue distinto, y fue madre soltera porque ella prefirió tener a su hijo sola sin aguantarse al tóxico de Agustín toda la vida, además sus padres la ayudaron con la crianza, y pudo seguir trabajando en la escribanía familiar sin problemas.

– andá a lavarte la cara que tenemos que pensar muchas cosas.

Ese “tenemos” le resuena a Norma como una bomba y la trae a la realidad, tiene una hija, un trabajo y un sueño de cambio. Cuando a la noche vuelve a casa está más tranquila y hasta tiene algunas ideas más claras, va a respetar lo que decida su hija, tiene que hacer muchas cuentas, y va a tener que organizar mucho sus horarios para estudiar, no va a ser fácil, pero es posible.

Esta vez el viaje se hizo corto, aunque viaja parada casi todo el tiempo, llega a casa y abraza a Cinthia que esta acostada, enrollada sobre sí misma y le pregunta qué quiere hacer, la mocosa no tiene dudas: va a tener a su bebé y dice que Nico le prometió que se iban a casar. La madre no tiene tanta fe en el muchacho como su hija, pero se calla y la abraza más fuerte.

A la semana Nico había bloqueado a Cinthia en todas las redes y la mamá no sabe dónde esta, Cinthia llora con desesperación, mientras come todo lo que se le cruza por delante, cada noche se abraza a su mamá, a veces es una mujer, a veces una nena chiquita.

Pasan las semanas y la plata cada día alcanza menos, Norma piensa que el gasto de estudiar es demasiado, que ya no puede sostenerlo, además con tantas cosas en la cabeza, no aprobó el parcial de psicología y no tiene ganas de estudiar para el recuperatorio. Una vecina le dice que le va a averiguar si le pueden dar algún plan social, pero la idea le da vergüenza y rabia, justo ella que pensaba que iba a ayudar, cómo iba a pedir ayuda y ni llena una solicitud.

Los días se hacen largos, cada vez más cansadores, cuando llega a casa, todo está desordenado, Cinthia de mal humor o eufórica según sople el viento, le dice que hay que comprar ropita para bebe y las vitaminas que le dio el médico de la salita y que al colegio no piensa volver, mientras sus tres amigas cabecean asintiendo solidariamente. La madre ve sus apuntes de la facu que siguen intactos, apilados en el estante junto a la imagen del Gauchito Gil y la velita de San Expedito. Norma ya no duerme bien y cada mañana le cuesta más levantarse. Por eso cuando llega por segunda vez tarde en una semana, Marcela le ofrece otra vez un té y le dice:

– vos no podés seguir así, acordate que la embarazada es Cinthia no vos y si querés ayudarla le tenés que enseñar a ser responsable y la mejor manera de enseñarle eso es con el ejemplo Norma.

Volviendo a casa se pregunta cuál será ese ejemplo, si ella siempre trabajó mucho, fue firme cuando hizo falta y tolerante cuando se podía, su hija es (¿o era?) una nena bastante responsable, normal. Cuando llega a la altura de Liniers ve la parada donde tomaba el colectivo para ir al CBC y en ese momento se da cuenta que nunca le hablo a Cinthia de sus sueños. Le parece que pasaron mil años desde que era esa mujer que trabajaba y estudiaba, con ganas de sobra y una sospecha de futuro diferente, y piensa que es hora de recordarle a Marcela su propuesta de encontrar soluciones juntas.

Lo primero que hace es decirle a Cinthia que tiene que volver al colegio, que eso no se negocia, y que hay que ayudar en la casa, porque ella va a tener menos tiempo para esas cosas, ahora que quiere volver a la facultad porque sueña con estudiar, porque cree que algunas cosas pueden diferentes, mejores.

Lo siguiente es arreglar con Marcela horarios más flexibles y días para estudiar si tiene parciales, no es fácil, pero Marcela había dicho que iban a encontrar soluciones “juntas” y tiene que ceder.

Acostada en la misma cama que su hija, mirando la eterna mancha de humedad de la pared y con la casa casi ordenada, Norma sabe que va a criar a su hija y a su nieto juntos, pero que tal vez ese puede ser su primer trabajo práctico como Asistente Social.