Palabras

Casi no se hablaban, sin embargo, tenían un vínculo lleno palabras.

Ella le tenía un poco de miedo y en realidad ni siquiera estaba segura de su cariño, tan lejanos eran, tanto era lo que no se decían.

Pero había un rito, un mensaje secreto, pudoroso, vergonzante, él le regalaba libros. Y así ella llenaba sus horas de palabras ajenas, completando sus huecos con las palabras de otros.

Tanto fue el silencio, tan pocas las palabras propias, que cuando él se fue no hubo carta de despedida sino un libro abandonado “El Final del Juego”.

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