La tarde de la nevada

Está sentada frente al ventanal mirando caer la nieve, sabe que afuera hace frío y suena un silencio espeso,  ahí adentro está calentito, hay un suave olor a humo, hay ruido de vajilla chocando y voces suaves.

Pidió un té y un poco se disgustó porque le trajeron té en saquitos, esperaba que en ese lugar tan paquete le hubieran traído una tetera con un buen té en hebras, igual no dijo nada porque esa tarde es para otra cosa.

Es la tarde de la despedida.

Había llegado a ese lugar sola, porque había viajado sola, aunque el viaje lo habían planeado juntos, mientras imaginaban las caminatas, los paseos por el lago, las excursiones para descubrir pájaros y los cielos nocturnos llenos de estrellas.

Pero él se fue y ella se quedó con los planes.

Estuvo tan enojada, se pasó semanas enojada, rabiosa, no lo podía perdonar, ni siquiera trataba de perdonarlo.

Finalmente decidió hacer el viaje sola.

Y ahí está sentada, frente a dos tazas de té, porque le pidió un té a él para poder decirle a ese asiento vacío todo lo que sentía.

Volvió a mirar hacia afuera, ahora la nieve cae mucho más espesa, tejiendo un encaje blanco y le parece que entre los huecos del encaje algo se escapa.

Toma aire como para empezar a hablar, y decirle todo lo enojada que está por su traición, porque nunca se pudo despedir, porque le había prometido que iban a envejecer juntos y se fue antes.

Quiere decirle todo y más, pero no puede porque cuando se lo diga, el enojo se va a derrumbar y lo va a empezar a llorar.

Un pensamiento en “La tarde de la nevada”

  1. Muy hermosos tus cuentos, son tiernos, nostálgicos y me provocan la sensación de estar en ese lugar que vos describis.

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