Cumpleaños

Marcelo se despierta temprano y en lo primero que piensa es en Clara, su pelo oscuro, sus dientes de conejo y sus orejas chiquititas. Pero rápidamente su mamá interrumpe sus sueños, entra en el dormitorio cantando feliz cumpleaños con una torta con la velita encendida, Raúl su hermanito protesta por el ruido y se tapa la cabeza con la almohada, pero finalmente se une al canto familiar con un poco de envidia porque 14 años le dan al mayor chapa de adulto.

Después del desayuno empiezan los preparativos para la fiestita: vienen los amigos del barrio y algunos compañeros de colegio, en la radio dicen que la temperatura no va a pasar de 25 grados y no hay nubes, su mamá baldea el patio, en un rato va a llegar la vecina con algunas sillas que le pidieron prestadas para poner pegaditas a las paredes; su primo Pedro le va a prestar el Winco y los amigos aportan long plays y algunos simples de 33.

Mientras camina al almacén a buscar las Cocas, repasa su plan: cuando Clara se acerque a darle un beso después de soplar las velitas (de nuevo) va a correr un poquito la cara y la va a besar en la boca despacito, un piquito nomás, pero ella va a saber…

La fiesta empieza despacito, las chicas de un lado, charlando entre ellas y riéndose mientras los miran de reojo. Los varones del otro lado cerca del emparrado haciéndose chistes y empujándose unos a otros para darse valor.

El primero que se anima a sacar a bailar a una de las chicas es Agustín que como es el primero que dio el estirón se hace un poco el canchero, con una cabezada a Patricia empezó el baile y de a poco todos se animaron. Marcelo suspiró aliviado la fiesta no iba a ser un plomo.

Finalmente llega la torta: velita, besos, ahí se acerca Clara, tiene las palmas húmedas, le tiemblan las rodillas y le duele la panza, cierra los ojos y maniobra, pero en ese preciso instante Agustín le da un empujoncito a Clara, todo se enmaraña y el beso en la boca lo recibe el flaco.

A la noche en su cama entre sollozos apagados Marcelo se acuerda del terrible susurro de Clara: -no te preocupes Marce, ya todos sabíamos que te gustaba Agustín

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