La Caja

Revolvía sus recuerdos caprichosamente, hasta que se dio cuenta que nada era tan azaroso y mucho menos caprichoso, siempre volvía a la infancia, al amor, las sorpresas, a las ilusiones.

Pero había una caja redonda, una caja de lata de esas de galletitas que nacieron para costurero que nunca abría, la tocaba, recorría con los dedos la superficie fría, los bordes amables, le sentía el peso, la rodeaba perezosamente con bastante miedo cantándose mantras de consuelo.

Sabía que un día la iba a abrir para volver a sentir ese frío, ese peso, esa obscuridad, ese dolor y la antigua certeza de que ahí estaba el génesis de todo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *